Soledades compartidas; visiones aisladas. La comparación odiosa entre felicidad y alegría…
Ese anciano erguido, sentado en un ancestral banquito junto al estanque de los patos, desmigaja con desdén un mendrugo de pan duro y se siente feliz mientras lanza las partes deshechas al agua. Decenas de ánades, en compañía de patos, gansos y cisnes, le rodean y aplauden su acción con sus alas impermeables. Qué feliz es el anciano, sin más y solo con eso; que más que añorar, ansía, de su difunta amada los besos.
La felicidad plena es muy dificil. Un buen relato donde describes la felicidad de un anciano ante lo cotidiano, pero no està completo, recuerda los besos de su mujer.
ResponderSuprimirun fuerte saludo
fus
La felicidad es efímera, pero me siento feliz.
SuprimirUn abrazo, Fus.