lunes, 23 de enero de 2017

Las flores sangrantes de Cabezuelo





Gracias al destino, y mucho antes de que su salida al mercado fuese oficial, tuve la ocasión de leer A nadie le importa que sangren las flores, un poemario salvaje, fresco, realista y cruel. Fue brutal, una experiencia que volvería repetir una y otra vez. Me introduje en cada verso hasta formar parte del significado global de la obra —cosa bastante difícil en los tiempos que corren—. Siento que una parte de mí está representada en este trabajo tan especial —realmente bueno, en serio—. Su profundidad y realismo es sorprendente, digno de realzar. Puedo decir, con alegría y sin prejuicios, que se encuentra entre mis obras líricas favoritas.
    Aclaración: en esta ocasión no hablaré de la editorial. Es irrelevante. Nada han podido hacer que ensucie este increíble vómito antisocial.
    No dejes de leerlo. Hazte con uno de la forma que sea, y cuando lo hagas, préstalo, aconseja su uso, difunde, déjate atrapar, deglute sus páginas. No tiene desperdicio —siempre y cuando te guste el realismo sucio—. En el momento que empieces a caminar entre sus versos, te darás cuenta que ya no hay escape y acabarás por arrodillarte ante la cruda realidad de este peculiar diario de batalla: una catapulta de malas sensaciones lanzadas contra el papel en forma de cantos.   
    Realidad en estado puro, crudeza, melancolía: así lo defino. Narra el devenir de un poeta que se siente encadenado a los trenes, al trabajo, a la tristeza y al movimiento global. Palabras de un personaje que bucea en una enorme y poco higiénica taza del váter. Juan Cabezuelo, una lengua capaz de atrapar el amargor de una sociedad sometida al capitalismo y convertirlo en arte. 






miércoles, 14 de diciembre de 2016

Joker II (serie poética)





Vuelvo a cortarme las venas;
la sangre se disuelve en el agua
de la pila bautismal
y se convierte en gusanos.

Los recuerdos se detienen,
la imagen de ese niño muerto
se desdibuja en mi mente.

No estoy en comunión
con nada ni con nadie.
Tu mirada no tiene valor.

Ingiero diez pastillas al azar,
abro el Jack Daniel’s
y me lo trago todo.
Intenciones autodestructivas,
objetivos fuera de plano.

Aviso:
No quiero morir de esta forma,
se trata de un experimento vital,
otra variante del dichoso camino.

El suicidio es un poema cafre.

Resolución:
La mejor iniciativa está relacionada
con la aniquilación sistemática
de todas esas voces ridículas
que entonan temas navideños (tristes).
Enterrar a los coristas es la propuesta,
y después, perderme en el bosque.

¡Al infierno con la falsa alegría!




viernes, 2 de diciembre de 2016

Joker (serie poética)





Haciendo uso de dos cuchillas
me dibujo una amplia sonrisa.
«¡Sí, soy imparable, imborrable,
un monstruo cobarde y cruel!»

Maquillo mi rostro con ceras
de color blanco, carcajeo y escupo
sangre mezclada con flemas.
El lavabo es el reflejo de mil almas,
de toda una vida de penurias,
castigos, aislamiento y cagadas.

Usando las mismas cuchillas
me afeito cabeza, pecho, axilas,
piernas, brazos, cejas y glúteos.

¿Qué soy? ¿Quién? ¿Un fantasma?
¿El bufón espectral que ridiculiza
a todos esos niños que duermen
bajo el decorado árbol de la mentira?

Semblante mortecino, risa perenne,
barbas teñidas de verde, y angustia.

Estaré esperando en el pasillo oscuro
de tu hogar, sonriente y agarrado
al astil de un hacha de doble metáfora.

No pienses en una muerte sangrienta,
será tu propia mente la que te hunda
en la miseria y paralice tus sentidos.
La farsa te hará dormir eternamente.






jueves, 24 de noviembre de 2016

Veneno volátil





Ahora me ves,
y crees que no estoy.
Espejismo de sal,
figura de alambre.

Ya es tarde…
Solo queda él:
el viento del norte,
y su fuego, y su furia,
y la fuerza, y el odio…
Ya es tarde…
No podrás escapar
del arrastre.

Caerás…

El cielo se extingue
bajo tu mirada,
cuencas vacías,
recuerdos salvajes,
besos, caricias, arrastre.
¿Qué decir?
No existe sosiego
ni ganas de perder
un nuevo juego.

Veneno volátil:
colección de rechazos,
de plomo, de heridas
y de malas pasadas.

Ya es tarde…
Solo queda él:
el viento del norte,
y su rabia, y su raza,
y la muerte, y la sangre…
Ya es tarde…
Tu existencia pertenece
al enjambre.

Caerás…

No eres nada:
veneno volátil,
un ser despreciable,
una diminuta larva.