martes, 6 de abril de 2021

Delirios de madrugada I

 


 

De nuevo estoy despierto a las dos de la madrugada. Llevo tres horas con el niño en brazos y mi deseo de agarrarme a la botella de Jack Daniel’s crece por momentos. Quiero abandonar esta realidad tormentosa y absurda, pero solo el tiempo es capaz de dibujar nuevas sendas y crear mundos fantasiosos donde mi cuerpo caiga en una montonera de nubes de algodón de azúcar y descanse las horas muertas. 
    Recuerdo hace años, aquella botella de ron miel, y a cada instante un pequeño vasito de elixir helado, y cada dos horas un porro, y cuando llegó la noche un mareo alegre me obligó a cerrar el documento y encender la televisión. Afuera la tormenta descargaba con furia, tanto agua como electricidad convertida en rayos, relámpagos y estridentes truenos. Eran días en los que escribía y leía toda la tarde. Y al margen de currar de vez en cuando para no morir de hambre, solo hacía eso, sembrar documentos de letras, cultivar mi mente con historias y ensayos. 
   Ahora todo es distinto, y aunque parezca algo extraño, mucho mejor que aquellos días de borracheras y fumadas, de lecturas interminables y vomitonas sobre el papel en blanco. Es cierto que apenas duermo (dormimos), una media de tres o cuatro horas al día, sin embargo sigo en pie, falto de energía, pero muy feliz con este niño en brazos y una mujer increíble a la que adoro.
  El cansancio domina mi mente. Me frustra. Bombardea mis ideas y las intenta destruir. ¿Cómo estoy? Cabreado por momentos y lleno de vigor, lo sé, es una controversia. Procuro seguir escribiendo y editando, intento escuchar música y buscar grupos nuevos, jugar, sonreír, bailotear. Vivo para no dejarme llevar por cierta desidia que sobrevuela por encima de nuestras cabezas y nos apunta con su artillería pesada. 

 


 

jueves, 15 de octubre de 2020

Interview with the Franky (Francisco Santos Muñoz Rico)

 

Con motivo de su nuevo lanzamiento literario (Trozo de carne), entrevisto a Franky (Francisco Santos Muñoz Rico), un tipo que se ha ganado un hueco en mi apretada vida de padre primerizo. Joder, me siento como el maldito Hunter S. Thompson, un tiburón a la caza de grandes respuestas, hundido en un mar de virus latentes y prostitución política.    
    Ahora en serio, es evidente que si hago esto es porque me puede la curiosidad y no encuentro mejor manera de cotillear que esta. Al margen, no lo haría si no viese algo especial en esta persona, igual que me pasó en su día con Juan Cabezuelo o con Oscar Ryan (grandes amigos a día de hoy). Por supuesto, estamos hablando de un autor de calidad. Pero no sólo es eso, se trata del trasfondo de su obra, de la osadía, del descaro, de la capacidad de improvisación. Sus textos dicen algo que no voy a desvelar, son ricos, densos, como viejas pócimas de brujas. Poseen la riqueza costumbrista de la literatura rusa y el descaro y la crudeza de Fante o Bukowski. Con un estilo propio y dinámico, Franky envuelve su obra en una pátina intelectual muy interesante y cargada de humor negro. Es triste decirlo, pero es un escritor que merece estar en los estantes de cualquier librería, sin embargo, no está ahí. Estamos ante otro de los olvidados, un desconocido.

    Como editor me encantaría quedarme con este autor y perderme entre sus párrafos, maquetar su obra como se merece y dejar que el viento arrastre su fuego literario contra vuestros indefensos y absurdos rostros. Abiertamente, me declaro fan de este pedazo de autor.


Voy al grano. En primer lugar, un saludo, Sr. Le Marchant, espero que estés bien y con ganas de ser tú mismo. Te lanzo la primera preguntilla de tiburón caduco: 


¿Quién es Franky?

    

Franky es el eterno frustrado melancólico a veces, y a veces el destructor de mundos. Es decir: un tipo cualquiera. Ya he hecho ese descubrimiento cardinal que todo hombre debe hacer: estoy de paso, mi estela será fugaz, pero me comporto, o procuro hacerlo, como si esa estela fuera a permanecer eternamente.

 

¿De dónde ha salido el autor que llevas dentro? ¿Cómo ha permanecido oculto todos estos años?


Escribir siempre ha formado parte de mí, como hacer música, pelear o salir a correr, y mal que bien lo hago: por necesidad.  En palabras de Garcilaso y dirigiéndome a la escritura le digo: por hábito del alma misma os quiero. Soy un lector voraz, puede que ese sea el germen de mi yo escritor: creo que soy escritor desde que a los trece años leí en apenas un suspiro Crimen y Castigo. A partir de entonces no han pasado tres días sin que escriba algo, un poema, un cuento, una canción.

    Lo de darme a conocer surge de una borrachera: mi primo me cogió el teléfono y me hizo una cuenta de Instagram; poco a poco fui encontrando gente por ahí con la que hablar de libros, y conocí la figura trágica y quijotesca del “autopublicado”. Y lo cierto es que el descubrimiento cardinal que me llevó a sacar mi material a la luz fue le lectura de tu “Decadencia”, de ahí que te dedique esta última publicación. Hasta hace exactamente un año, pues, yo no tenía redes sociales, y por tanto: no existía para el resto del mundo.

    Como curiosidad: Trozo de Carne la mandé a una editorial, no recuerdo cuál, y me respondieron que resultaban ofensivas algunas partes, que se plantearían publicarla si las eliminaba, ja, fue mi triunfo editorial, después mis libros sólo se los enseñé a un par de personas, mi hermano, mi mujer…

 

¿Alguna influencia destacable?

 

El terror es esencialmente “mi salsa” y puedo decir que soy un experto en el mismo, pero es muy vasta mi biblioteca mental. Sin embargo hay un escritor, que conozco muy bien, del que a veces veo que mis textos se nutren sin duda: Julio Verne, igual de denostado que de amado; mi prosa es verniana a veces, o eso veo yo. El otro fantasma que veo, e invoco conscientemente, en mis escritos es Robert Howard. Por supuesto: clásico que me nombres lo he leído: Borges, Lovecraft, Dickens, Stevenson, Chesterton, Zola…

 

¿Te preocupa la sociedad en la que vivimos?


Apenas, soy un alegre paria.

    Lao Tze dice, parafraseo: si el pueblo no conoce a sus dirigentes el gobierno es bueno, si los nombres de los dirigentes están en boca del pueblo, el gobierno es malo. Pues es así de sencillo.

    Yo ya no me ocupo más que de enseñar lo que sé a mis hijos, en prepararlos para la paz y para la guerra.

    Desde luego: en torno de mí la sociedad cambia, y con eso me basta.

 

¿Cree Franky en el amor?


Sí. Amo a mi mujer y a mis hijos, los amo como B. B. King ama el blues: cada día. Soy una caja de bombas, y en realidad lo más lógico del mundo es que Marina me hubiese dado la patada hace tiempo, pero ella también me quiere.

    También amo a todos mis amigos, a ti te amo, joder.

 

¿Por qué te lanzaste a contactar con Daniel Aragonés?

 

Puede que la respuesta sea manida y simple: identificación, vi que había más gente de mi planeta en este mundo.

 

Tres libros o autores de fuera y tres de casa.

         

De fuera: Stephen King es el Dickens de nuestros tiempos, yo lo conozco al dedillo y creo que es fundamental; así como Clive Barker, del que se habla más que se lee. Y un valor seguro sobre el que apostar: Jack Ketchum, una auténtica bestia.

    De España a estos dos desde que los descubrí procuro leer todo lo que escriben: Emilio Bueso y Juan de Dios Garduño. Y debo nombrar, lealmente, a Daniel Aragonés como espejo místico de la realidad.

 

¿Te apetece mandarme una foto para enriquecer la entrevista, o mejor pasamos? ¿Quizá una de la portada de tus libros?

 

Jajaja, ya pasé por eso cuando asumí el sagrado cargo de redactor en Dentro Del Monolito, puedo poner la misma foto.

 

¿A quiénes matarías? En caso de que la respuesta sea afirmativa, tres nombres, grupos o etnias completas, pero tres, ¡eh! Jajajajajajaja

 

Es muy probable que de tener conmigo el poder del apocalipsis me cargara a casi todos los cristianos, todos los judíos y todos los islamitas; creo que casi es la única forma de que podamos crear algo bueno: derribar a esos tres dioses patanes, los tres únicos que se declaran únicos.

    Aunque no me lo preguntas te diré que desde que nació mi primer hijo, y siguiendo el consejo de Carl Gustav Jung sobre la necesidad de dioses, en mi casa veneramos a Satán, a Buda y a Odín, así como a unos cuantos dioses más, históricos o literarios (como Cthulhu o Manwé).

 

¿Crees que caes bien a la gente? ¿Qué pretendes, hacerte rico y famoso escribiendo?

 

Por supuesto pretendo hacerme rico, pero es difícil siendo fiel a mí mismo, el mes que más he ganado han sido 38 euros. Y con lo de caer bien a la gente: o se me odia o se me ama, no hay término medio.

 

¿Conocemos al verdadero Franky?

 

Pretendo sacar un libro con mis cuentos, en diciembre tal vez, que llevará por título "Impureza de lo Accesorio", si en algún libro se me puede conocer algo será en ese.

    Pero no, no me conocéis de verdad, como yo no me conozco ni conozco a nadie.

 

Y por último, joder, háblanos de tu obra y, sobre todo, de tu nueva novela. Descríbela, copia aquí la jodida sinopsis, haz lo que quieras.


En cierta manera es una conversación conmigo mismo. Pero sobre todo creo, o me gusta pensar, que mis libros siempre remiten al divertimento, me gustaría que quien coja el Trozo De Carne antes de acostarse, a pesar de saber que tiene cinco putas horas para dormir, al terminar un capítulo piense: venga, uno más. Esto vale para cualquiera de mis libros, claro.

    Bah, la sinopsis no la copio aquí, esto es una conversación informal frente al abismo, que la busquen los interesados, joder.

 

¿Qué pretende tu obra? ¿Te consideras un escritor de sátiras?

 

Me encanta Alphonse Daudet, Voltaire, Apuleyo, Eduardo Mendoza, Quevedo, por supuesto que son sátiras; todo mi armamento conversacional es sátira, cachondeo, mala leche y según me han echado algunos en cara: eruditismo, jajaja.

    Pretendo lo que dije antes: hacerme rico y que la gente se divierta. Para mí sería la ostia saber que alguien me ha releído, o ver un ejemplar de uno de mis libros tan sobado como el culo de un monaguillo el día antes de una misa solemne.

    Por cierto: esta es mi primera entrevista: ¿cómo lo ves?

lunes, 14 de octubre de 2019

Fiel a mí mismo


En relación a «Decadencia», mi décima novela...


Si eso que dicen es cierto y los niños vienen con un pan bajo el brazo, este será mi trabajo más vendido. Pero ya sé que os suda la polla y pasáis de comprar libros. No hay nada que hacer. Incluso si digo que esta historia vuelve a ser realista y loca, bukowskiano-surrealista, con un toque metaliterario anestesiante y anárquica. Ya sé que te llama la atención. Quieres un ejemplar, se te nota en la cara, lo quieres pero no lo vas a pillar porque no lees. Maldita controversia.

«Decadencia» es extraña y normal al mismo tiempo, no sabría cómo explicarlo. Se aleja del Neo Noir con el que irrumpí en este pútrido mundillo. Sin quererlo del todo, durante el proceso de escritura acabé totalmente sumergido en la decadencia del ser humano. Una obra rápida, sencilla, y carente de alardes técnicos y descripciones pesadas. Salvaje y tierna. Hago apología a la mala fe. Violenta y no violenta. La dosis de realidad es letal. ¿Tiene algo de autobiográfico? No, joder. ¿Abandono con esto el género de terror? No, no, no. Me gusta variar. Es más, no creo que haya escrito nada tan terrorífico en mi vida. La escribí unos meses antes de la muerte de mi madre, como si fuese cierto preludio de su liberación. «Decadencia» tiene algo especial, no sé qué es, pero lo tiene. Y sale a la venta unas semanas antes del nacimiento de mi primer hijo. Sin pensarlo ni planearlo.

Me gustaría amenazar de muerte a todo aquel que llegándole esta información no la compre. En esta ocasión, llegaría a pagar a unos rusos sádicos para asesinar a los no interesados, pero no tengo pasta, y si la tuviese me la gastaría en diversiones perversas. En fin, no os doy más la chapa. ¡A pastar!


martes, 1 de octubre de 2019

Un jodido entremés



Fumar. Esperar. No usar comas. Observar el humo que sale de mi boca. Pensar. Darle vueltas a lo mismo. Ver cómo los pájaros devoran higos en el patio. Entrar y salir de casa, como alma en pena, arrastrando los pies. Imaginar un mundo sin seres tóxicos (la gran mentira social). Caer en un bucle, caer, caer, caer. Acudir a los pies de la cama y verla dormir, sentir a ese inocente ser que se mueve en su interior, mitad ella y mitad yo (está fuera de lugar, pero la amo, los amo; seguro que sueña con nuestro infierno, ahora de los tres). Solo existe una cosa capaz de calmar mi sed de sangre: sentarme en el escritorio, escribir y dejarme llevar por la redundancia. Volver a fumar. Esperar que se encienda una luz en mi interior y dilucidar. La conclusión a la que llego es que debería fabricar napalm y prender fuego a todos los que trabajan en esa jodida oficina. Nadie en su sano juicio vive sin imaginar atrocidades, genocidios o burradas sanguinolentas. Y de nuevo fumar. Esperar. Obviar el uso de las comas, como si fuese un jodido norteamericano veraneando en Madrid (ya sé que no estoy en Ciudad Juárez, aquí hay menos sangre regando las calles y mucho serrín rellenando cráneos). Fumar y divagar, lanzar frases contra el vacío. Poetizar mientras me alejo de lo convencional. Espiral lírica, me atrevería con empírica, pero no quiero caer en rimas ripiosas de mal gusto (¡Oh, mierda, lo he vuelto a hacer!). Callar, cerrar el pico y concluir. Esto no es más que un jodido entremés, un ejercicio que me sirve para no olvidar lo que soy: una bestia. ¿Quién eres tú? ¿Lo sabes? Si la respuesta es un NO, tienes que borrar mi rostro de tu memoria y pensar que la gente como yo no existe.




Insomnio



Abres los ojos y son las cuatro de la madrugada. Ahogo, sudores fríos, sequedad bucal. Intentas dormirte de nuevo, pero sabes que es imposible. Maldices, lloriqueas, parpadeas. Observas el exterior. La noche está cerrada, no hay luna. El otoño abraza con fuerza lo que queda del verano, parece como si lo quisiera estrangular. Tragas saliva, notas presión en el pecho, temblores. Rebuscas en tu interior y no existe un motivo concreto para tu insomnio. Quizá te sientas culpable por algo, sí. Puede que se trate de hambre. No importa. Te levantas, llenas un vaso con whisky, haces un cigarro y vuelves a la misma mierda de siempre. Cada año que pasa te queda uno menos de vida. En el fondo eres el terror, tu mayor terror. Mientras piensas, las cuatro se convierten en las cinco, en las seis, y el primer vaso de whisky en el segundo, en el tercero. Y así transcurre el tiempo, para unos convertido en alcohol, para otros en azúcar. Una existencia carente de emociones sanas. La muerte llamando a la puerta.




jueves, 22 de agosto de 2019

Entrevista a Esteban Maldonado





Por extraños motivos, producto del destino, tengo al otro lado de la línea a Esteban Maldonado, un poeta que se oculta detrás de un curioso personaje. ¿Vosotros sabéis quién es? No pasa nada, él nos lo aclara.

Hola, Esteban, ¿podrías presentarte en tres líneas? ¿Quién es el señor Maldonado?
Un superviviente, eso es lo que soy. Y todo se lo debo a la literatura. Es una forma de percepción, ¿comprendes? Yo era un niño enfermizo y la mayor parte del tiempo que pasaba en la escuela me dedicaba a leer y a escribir alejado de todo el mundo. En el instituto igual. Siempre luchando en puño y letra. He sobrevivido y aún sigo sobreviviendo. Y me siento como un vencedor, porque quien nunca ha perdido jamás sabrá lo que es una victoria.

Muchos te conocemos gracias a tu faceta de difusor de autores y obras. Te pasas el día compartiendo arte en tus redes. ¿Por qué lo haces?
Bueno, siento una intensa emoción por el placer que me otorgan mis sentidos. Cuando leo un poema, por ejemplo, siento una energía que me recorre el cuerpo. Lo mismo pasa cuando escucho una canción. Son emociones y sin esas emociones estamos muertos. Las emociones nos impulsan a hacer cosas, a estar activos. No quiero decir que tengamos que depender de leer un poema para poder levantarnos de la cama, solamente digo que La Fuerza reside en cualquier acción vital: leer, follar, contemplar el descampado que está enfrente de tu casa o un cuadro de Edward Hooper, lo que sea. Y esa es una de las razones por las que siempre estoy compartiendo cosas interesantes en la red. La otra razón es porque me gusta ayudar a difundir las obras de autores a los que considero mis amigos, aunque no los conozca personalmente. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quiénes lo van a hacer? Estamos solos, pero permaneceremos juntos cada vez que podamos echarnos una mano. Nunca he ayudado para que me ayuden, porque comprendo que la fuerza que nos impulsa a hacerlo depende de muchos factores, por eso todo debe seguir su curso natural, sin pretender forzar cualquier situación.

¿En qué mundo vives? ¿Cuál es tu visión?
Mientras mucha gente se nutre de fantasías y falsas esperanzas, yo trato de disfrutar de mi jodida existencia, porque el infierno también es un lugar maravilloso para vivir. Todo depende de cómo lo vivas.

Háblanos de tu obra. ¿Poeta, prosista?
Voy con ambas partes, aunque reconozco que en ocasiones suelo mezclarlo todo. Es una buena forma de descubrirte a ti mismo. Tengo muchos manuscritos, pero los que siguen adelante son dos: un poemario y un libro de  relatos. Ahí están, tirando del carro. Reconozco que mi proceso creativo es lento, pero sé que llegará a demostrar sus resultados. El poemario es el que antes verá la luz.

¿Qué te parece la idea de meter a un montón de personajes repelentes-influyentes-dirigentes en una nave espacial y dejar que se mueran de hambre?
Esto suena a historia de ciencia ficción terrorífica, pero al mismo tiempo no está tan lejos de la realidad. Ahí lo dejo. Que siga el suspense.

¿Eres reivindicativo en tus letras? ¿Te gusta usar la literatura como canal para expresar tu depresión vital?
¡Por supuesto que sí! Lo que escribo soy yo constantemente. Reivindico mi derecho a expresar mi Yo auténtico. Mis propias creaciones dependen de cómo yo me encuentre. Mira, tengo una buena anécdota que contar. Siempre la recuerdo. El mejor consejo me lo dio un médico. «Escribe lo que te salga de los cojones. Si dices ¡hijo de puta!, escríbelo. Luego, le das la forma que quieras, pero sin dañar su esencia salvaje», me dijo ese doctor. Hace poco un colega escritor también me dedicó unas palabras similares. Se lo agradezco enormemente a ambos.

Para finalizar, te dejo que digas lo que quieras, estás en tu casa:
Sí, hay algo que quiero añadir. Ahora les hago una pregunta a todos lo que lean esta entrevista. Como sabéis, siempre se nos juzgan por nuestros actos, eso es inevitable. Pero a veces llegan a un punto ridículo. Es algo que ocurre muy a menudo. A ver, pongamos dos ejemplos: si escuchas black metal, eres satánico, y si lees a Bukowski, eres un borracho y un jodido sinvergüenza. ¿Creéis que somos malos solamente por tener dichas preferencias musicales y literarias? Eso es una gilipollez. Me gustaría saber qué es lo que opináis al respecto. Mientras tanto voy a fumarme un puro. ¡Abrazos a Open City!


martes, 23 de julio de 2019

Entrevista a dos manos, hoy Oscar Ryan


En un alarde de empujar las carreras literarias de Oscar Ryan y Juan Cabezuelo, ejerciendo de editor y amigo, voy a entrevistarles para que conozcáis un poco mejor sus trabajos, intenciones y objetivos. Aunque es mucho lo que puedo decir de ellos, prefiero que sea de sus bocas, puños y letras lo que llegue a vosotros.
    Hoy Oscar Ryan:

Contestarme los dos. ¿Qué os ha llevado a escribir a lo largo de los años? ¿Cómo es que no os habéis rendido?
Hola Jefe:
    Lo cierto es que lo primero que escribí fue una obra de teatro en quinto de E.G.B., para una representación de fin de curso. Trataba sobre un muerto al que no le dejaban entrar ni en el infierno ni en el cielo, y tramaba un plan para que lo aceptasen en alguno de los dos lugares (ya desde niño me interesaba este tema). Después tuve un larguísimo parón hasta la edad adulta. No sé cuál fue el motivo, pero volví a escribir.
    No me rindo, por el momento, ya que me divierte escribir. No me lo tomo como un trabajo, sino como un modo de pasármelo bien. En cierta manera es una actitud egoísta, ya que escribo para mí y para los amigos del círculo que formamos. No obstante, toda venta externa es muy bien aceptada… Jajaja.

Ya sabéis que estoy enamorado de vuestros trabajos por infinidad de motivos, uno de ellos es que sois autores de subsuelo con una capacidad única para contar historias dispares que sobrevuelan la etiqueta de género. ¿Cómo os veis a vosotros mismos? ¿Y dentro del sistema editorial-comercial-literario? ¿No creéis que apesta un poco?
Me veo a mi mismo, gracias a la edad y a la inexperiencia adquirida (muy a mi pesar) con el paso de los años, como un “pasota”. Ya nada me contenta ni me llena. Todo me da exactamente igual, menos intentar hacer agradable mi vida en esta mierda de mundo. Por tanto, ni me interesan las etiquetas literarias, ni triunfar en la literatura, ni bobadas de ese tipo. Amigos, cigarrillos, rock ando roll y bourbon, eso sí me importa. Lo demás se lo pueden meter por el culo todos los “busca famas” pajilleros que encontramos por las redes sociales. Seres anormales sin clase, elegancia, ni nada que decir, pero que se consideran a sí mismos el centro del universo.

Parece que para vender hay que ser autores supercalifragilisticosespialidosos, tener una flor en el culo y el pelo con los colores del arcoíris. ¿Cuál es vuestra visión?
Te traduciré “supercalifragilisticoespialidoso”: Tonto del culo repipi. Sí, hay mucho autor de ese tipo. Tener una manada (término que últimamente ha adquirido un mal significado) de bobalicones que te ríen las gracias, no significa que tengas talento. Puedes tenerlo, sin duda, pero esto no te lo asegura automáticamente. Estoy francamente agotado de las idioteces de algunos, de cómo creen que son antisistema, de cómo se consideran autores rebeldes y no son más que inútiles pagafantas. En mi época la rebeldía se mostraba partiéndole la cara a alguien, corriendo delante de la policía, rompiendo la vidriera de un banco. En definitiva, exponiéndote a que te rompieran el alma y el cuerpo de un garrotazo. Me dan asco los rebeldes de sofá delante del ordenador. Valientes de opereta.
   
Venga, dos novelas indispensables para vosotros, que volveríais a leer una y otra vez, y ahora dos novelas de autores desconocidos para el gran público.
Siempre contesto lo mismo cada vez que me lo preguntan. Una es la primera novela que leí de niño; “Moby Dick” de  Herman Melville. Después de leerla tuve pesadillas y no sabía por qué, hasta que me di cuenta (años después) que el autor había dibujado un personaje que era yo.  El capitán Ahab es mi alma gemela. Alguien que puede tirarse por un barranco, luchar hasta morir, lograr que mueran los que le siguen por conseguir su objetivo, aunque este no tenga valor. La estupidez y la obsesión sin límite han marcado siempre mi modo de ser. La segunda es “Johnny cogió su fusil” de Dalton Trumbo. La idea de un soldado que se queda ciego, sordomudo, y sin extremidades, que se encuentra solo en una tétrica habitación de hospital intentando comunicarse con el mundo exterior, me pareció deliciosa. En cierto modo, salvo por cuatro amigos contados, yo me siento así en este mundo.

En dos líneas. ¿De qué van vuestros dos últimos trabajos, publicados con Open City, y por qué tiene que leerlos la peña?
Mi último trabajo, “Luz en el lado oscuro”, debe leerlo la gente que desea tener un punto de vista alternativo sobre la “Biblia”. La historia siempre la cuentan los vencedores, y esa versión es la que conocemos. En esta novela es el Diablo quien nos cuenta el motivo de la guerra celestial, cómo es Dios, y sobre todo, cómo desde el cielo rigen el destino de los humanos sin contar con nosotros.

¿Creéis que vuestro mensaje es captado por el público?
Para que alguien capte mi mensaje se tendrían que combinar varios factores. En primer lugar que yo tuviera un mensaje, y en segundo lugar que hubiese alguien para captarlo y entenderlo. Ni yo tengo mensaje, ni publico para captar las tonterías que escribo. Y mucho menos para entender algo que no comprendo ni yo.

¿Es difícil compaginar una vida medio normal con la faceta de escritor?
Nunca he tenido una vida medio normal… Jajaja. Ser escritor (título que me queda grande) no es compaginable con nada, y lo es con todo al mismo tiempo. Yo creo que no se debe pensar en que se es escritor, se escribe y punto.

Sí o no: ¿Volaríais el mundo en pedazos si estuviese en vuestras manos? ¿Por qué? ¿Vuestra literatura es un poco esa bomba nuclear capaz de hacerlo?
Si, volaría el mundo en pedazos. Quien haya leído mis novelas sabe que soy muy capaz de hacerlo. Siempre he pensado que si un día decido suicidarme no me iré solo (hay mucho gilipollas que me gustaría que me acompañara en el viaje)
Nuestro mundo da asco. Sin embargo, en el fondo de mi ser, continúo siendo un sentimental, y creo que la raza humana tiene algo por lo que luchar y por lo que mantener la esperanza.

Os dejo decir lo queráis, estáis en casa:
Pues seré sincero. Gracias al grupo de amigos que hemos formado (para mí una de las pocas cosas buenas de internet) mantengo las ganas de seguir escribiendo y de leer. Muy probablemente en otra época y en otras circunstancias, en las que no tuviésemos redes sociales, habría tirado ya la toalla. Creo que la creación del sello Open City ha sido un acierto. Tal vez no económico, pero si en lo personal. Nos hemos juntado una serie de escritores atormentados, y eso es posible que no se traduzca en ventas, pero desde luego, si en poder debatir, charlar, y soltar toda la mierda que llevamos dentro y nos estaba asfixiando.
Gracias a ti Daniel que eres el alma y el artífice de todo esto.