El cigarrillo humeaba frente a la
inmensidad de la noche. Yo, por el contrario, estaba perdido en el interior de
una borrachera que tocaba a su fin, tumbado en las escaleras exteriores de
aquel hotel de mala muerte. La visión era dantesca: una piscina vacía –utilizada de vertedero– , un patio
descompuesto y una fachada desconchada, a la cual, le fallaban los neones de la
vocales –se leía H T L, en rojo burdel–. La calle en la
que estaba ubicado, formaba parte de una zona de prostitución y venta de drogas,
situada en los barrios bajos de la gran ciudad –un Madrid roto por la crisis
y la deshumanización–. En mi antigua vida jamás hubiese pasado por allí,
sin embargo, en aquéllos días era mi casa. Una jodida, maloliente y mal configurada habitación de hotel
barriobajero era mi agrio hogar caducado; suerte la mía. Tan solo necesitaba un
portátil, tiempo y ciento cincuenta euros al mes, que era el ínfimo precio que tenía que pagar por la putrefacta
habitación. Mendigaba con textos y poemas que me compraban
por la calle y en los mercadillos callejeros, aunque de vez en cuando tenía que
hacer algún trabajillo para Willy. Intentaba publicar de un modo sumergido,
pero, ¿Quién puede comer migajas?; al
margen quedaron mis días de novelista exitoso, y tras la cortina de vacío, quedó
mi empleo de cronista en el periódico de cuyo nombre no quiero acordarme. Mi
vida se transformó hasta cambiar el significado de los términos, lo que antes
era “fama”, dinero y gloria, se había convertido en una simple vida que flotaba
entre la basura y la risa fácil.
Bienvenidos
J. Daniel Aragonés Cuesta
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Ángulos cómodos
Las sombrías escaleras
que unen el edificio
son el verdadero
reducto
de las mentes rotas.
No milita la
honestidad
en el club de cristal
donde paso las horas.
Solo allí, en el
ángulo
etéreo de los
escalones,
encuentro el camino.
Confusión histórica II
Jesucristo estaba en la plaza del pueblo. Judas se hallaba a su lado.
-Judas, ¿te vienes a mi última cena?
-¿Maestro, qué cena?
-La de mi berenjena...
Jesús ya sabía que su discípulo le había traicionado. Era evidente.
-Judas, ¿te vienes a mi última cena?
-¿Maestro, qué cena?
-La de mi berenjena...
Jesús ya sabía que su discípulo le había traicionado. Era evidente.
Testimonio del bosque
Me llamo Peluchín, y soy un oso
pardo de cuatrocientos kilos de peso, ahí es nada, chavales y chavalas. Tengo
unas garras increíbles, eficaces y fatales. Soy una bestia salvaje. Sí, en
efecto, soy un arma mortal. Pero, ¿me veis por ahí matando a montañeros o
comiendo bebés humanos o masacrando grupos de ciclistas o partiendo por la
mitad a esquiadores despistados? No, ¿verdad? ¿Sabéis por qué? Porque no soy un
jodido psicópata (solo a veces, la época de apareamiento es muy mala). No
pertenezco a la familia de osos que ayudaron a Eliseo (asesinos a sueldo
bíblicos). Vivo mi vida. No soy un oso estadounidense de esos que va rebuscando
en los contenedores de los pueblos, o robando la comida de los campistas. Vivo
mi vida sin joder nadie, y reciclo, que lo sepáis (ja, ja, ja). Lo de reciclar
es una forma de hablar, la basura que genero es orgánica.
Pues eso: si me veis en la
oscuridad del bosque, no corráis… (ja, ja, ja… mejor corred).
jueves, 18 de diciembre de 2014
Confusión histórica
Pedro negó conocerle. Fueron tres veces. Y desde entonces, jodido para toda la vida:
-¿Ha sido el mesías quién te ha pasado el LSD? -dijo un romano mientras se rascaba el pecho de la armadura.
-No conozco al mesías de nada -contestó Pedro.
-Si no te a pasar nada, barbitas -los romanos iban afeitados a tope-. Queremos trincar a tu colega el greñudo.
-¿El greñudo? No tengo ni idea, en serio -el LSD le empezaba a hacer efecto.
-Pero si te he visto con él -el romano se cabreaba por momentos-, no me jodas.
-Ni puta idea, de verdad... creo que sé quién dices, pero no ha venido.
-¿Ha sido el mesías quién te ha pasado el LSD? -dijo un romano mientras se rascaba el pecho de la armadura.
-No conozco al mesías de nada -contestó Pedro.
-Si no te a pasar nada, barbitas -los romanos iban afeitados a tope-. Queremos trincar a tu colega el greñudo.
-¿El greñudo? No tengo ni idea, en serio -el LSD le empezaba a hacer efecto.
-Pero si te he visto con él -el romano se cabreaba por momentos-, no me jodas.
-Ni puta idea, de verdad... creo que sé quién dices, pero no ha venido.
Años después, Pedro inventó la crucifixión deportiva inversa. Aquello abrió un campo importante para el deporte extremo.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Teletipo natural
Los conejos de la sierra se
reproducen a marchas forzadas. Son los ultras pacíficos de la naturaleza.
Declaraciones de Conejazo:
“Los
depredadores están de capa vacía, y con tanta paz, en algo hay que gastar las
fuerzas reservadas para huir de los carnívoros. No sé, el sexo es alegría
(jajaja)”.
Declaraciones de Coneja Mather:
“Ni
me entero. No dura nada. La expresión esa… ya sabes… esa tan conocida (jijiji).
Casi prefiero la época en la que los depredadores entretenían un poco a las camadas,
y al Conejazo, por lo menos pensaban en otras cosas… ya sabes”.
Declaraciones de Conejunior 18:
“Hemos
encontrado lobos y nos mudamos a su lado. Somos cuarenta hermanos por familia.
No hay vegetales para todos. El Sr. Lobo nos ha prometido reestablecer el
equilibrio, dice que conoce a una pareja estable de águilas, un par de lechuzas
anarquistas, y a alguna que otra zorra. Está decidido. Queremos recuperar la
astucia. Necesitamos emociones fuertes, correr con motivos, luchar…”
domingo, 14 de diciembre de 2014
Noticias grotescas del bosque
Los ciervos de la zona norte se quejan con amargura. Dicen
estar hartos de ver tanta botella rota y basura inorgánica tirada en el campo. Reclaman
algo más de atención. Aseguran que, si de vez en cuando, los campistas dejasen
cervezas sin abrir, minis de whisky o de ron, vermut y algo para picar que no
sean latas o plástico, las penas se llevarían mejor.
“Queremos
probar su forma cruenta de divertirse. Igual estando borrachos nos da el punto
de ir a las ciudades y cagar en las puertas de los portales de todos esos
cerdos insensatos”.
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