El espejo devora mi carne,
me advierte que no soy el
mustio tipo del otro lado.
No soy el reflejo herido
que se muestra indefenso.
El deseo, la nada, el abismo.
Dunas de miseria y sangre.
Quiero alejarme del atávico
sentimiento de odio y vileza
que habita dentro de mí.
Lo intento, pero mi alma
es indisciplinada —muere.
La pasión, el beso, la serpiente.
Arena convertida en cuchillas.
Busco huir, abandonar la
senda de las estatuas de sal
y perderme en el oasis gris.
Busco el reflejo, quedar ciego,
desvanecerme entre la bruma.
Lágrimas, rocas de arsénico.
El adiós de las orugas de vidrio.
Dr. Irreverente colección