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J. Daniel Aragonés Cuesta

martes, 9 de junio de 2015

Irracional e irreverente visión de la falsa realidad







Esa fatalidad perenne desaparece. Esa mentira se disipa. La emoción interna se transforma en sobresalto de incredulidad.

Aparecen personajes hercúleos ofreciendo soluciones para asesinar al monstruo y salvar al pueblo de la quema. Sin embargo, nadie nos habla del bicho al que deseamos eliminar. Solo existe la vacuna, nada más.

Esa fatalidad perenne no desaparece porque sigue siendo perenne. La mentira simplemente se ha disfrazado de verdad. Y la emoción sufre, transmuta, se convierte en gusano y muere.

Pactan los caballeros con los demonios, los demonios con los ángeles y los ángeles buscan a un Dios ilusorio y nada presente.

Soy fatalista, lo sé; el conflicto nunca dejará de atormentarme.
Creo en la mentira como en cualquier otra forma de verdad.
Y en lo que se refiere a los sentimientos me declaro libre de cargos.

Los monstruos están aquí por el mero hecho de que alguien les creó. Y por su propio bien se mantienen al margen, ajenos a las quemas cíclicas. No quieren intervenir, no fueron creados para luchar o masacrar de una forma física. El problema son sus defensores: los ególatras trajeados.

Fatalidad, divino tesoro disfrazado de mentira emocional.


(Dr. Irreverente@return-f.t.w)



4 comentarios:

  1. Describes algo que siento. Me encanta.

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    1. Supongo que se trata algo universal. Puede significar muchas cosas al mismo tiempo.

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