domingo, 22 de marzo de 2015

Oscuridad interior





Al cerrar los ojos puedo verlos, dan algo de miedo, pero están ahí. Salen de la oscuridad y convierten el negror en un bosque milenario, en una caverna solitaria y baldía. Son una especie de monstruos descabezados, enormes. Los ojos no los llevan en el cuerpo, son algo independiente; globos anárquicos capaces de flotar en el aire. La primera vez que les vi me encontraba en una calleja oscura y sucia. Volvía de fiesta, iba algo borracho y desorientado. Me encantaba caminar por la ciudad a esas horas, en plena madrugada, fuera de mis cabales y de la ley. Era una noche de romper con la rutina, otra noche más. Noté su presencia a la altura de una vieja discoteca abandonada, en mitad del pasaje. Me quedé allí quieto, inmóvil, en silencio, y sin saber por qué cerré los ojos. Entonces les pude ver por primera vez, escondidos en la oscuridad, a la espera. Desde esa madrugada, y hasta hoy, están conmigo, y nunca me han hecho daño. Simplemente provocan miedo y crean el caos a mi alrededor.   
    Supongo que estoy demasiado acostumbrado a sus desplantes. Ya no soy consciente de su presencia. Son un apéndice más.
    En una ocasión fui testigo de su verdadero poder. Alguien me jodió y reaccionaron en su contra. Fue algo sucio y rastrero procedente de un viejo amigo, un acto de cobardía y envidia que me arrastró hasta un pozo existencial bastante desagradable. La jugarreta fue horrible. Pero ellos, los monstruos, nivelaron la balanza a mi favor. Todavía recuerdo el rechazo. Mis amigos me dejaron de hablar, la familia me dio de lado, la soledad se instauró en mi devenir diario. Fueron movimientos inquietantes y amargos. El traidor jugó con mi alegría y despertó a los monstruos. Fue sencillo, cruel y paradójico. A los pocos días, ese supuesto amigo se durmió al volante y casi se mata. El resto de implicados directos, uno por uno, fueron sufriendo las consecuencias de su actos. A la mujer del traidor, estando frente al tocador, se le desplomó el espejo. Las heridas de los cristales dejaron cientos de cicatrices en sus piernas. Otro par de amigos fueron absorbidos literalmente por un socavón en mitad de la gran urbe.  
    Les puedo ver y les respeto. A veces les escucho susurrar. Suelen estar tranquilos, y dan algo de miedo. Están ahí, sentados a mi lado. 

viernes, 20 de marzo de 2015

Reseña de "Óxido" en Universo la Maga, por Marisa Caballero


En Universo la Maga se han trabajado, gracias a Marisa Caballero y todo el equipo de la publicación, una reseña de lo más profesional.

 









"El autor nos lleva de la mano de Fredek por el amenazante planeta que ha creado. Para llegar a la ciudad de Saliente, que quiso ser una copia de Las Vegas y resultó un desastre, había que atravesar las ciénagas y el pantano, esa tumba rebosante de agua negra, pestilente y mortífera que le atrae como una maldición. La ciudad fantasma espera, allí la vida no tiene valor alguno."


Para ver la crítica completa pinchad el enlace:

http://universolamaga.com/blog/oxido-j-daniel-aragones/ 



domingo, 15 de marzo de 2015

No es día para poner títulos





La luz del vecino, un enorme foco situado en su moderna terraza, entraba por la ventana del dormitorio y no me dejaba dormir. Su proyección pintaba de gris todo cuanto tocaba. La sensación era muy desagradable. Me daba la impresión de estar en un túnel de carretera. Mi habitación se iluminaba y, al mismo tiempo, se transformaba en cueva o caverna. El color dejaba de ser plural. Muebles grises, sábanas grises, paredes grises y encogimiento; todo era gris, todo era absorbente. Aquella luz transformaba mi cálido entorno. Era de locura, en serio, imposible de narrar con fidelidad y realismo. Por más que lo intentaba no podía conciliar el sueño. Sentía estar en el interior de una cueva del cavernario, o, lo que es peor, dentro de una boca o un estómago de trol. Giraba la cabeza para un lado. Me cubría la cabeza con la almohada. Nada funcionaba. Dormir se resistía. Así que tuve que reaccionar. Fui a la cocina sin encender ninguna luz, cabreado, dando pistones contra el suelo. Abrí una botella de vino y me tomé un par de ansiolíticos. Es evidente que mi intención no era utilizar aquellas sustancias de una forma racional. Quería drogarme, quedarme fuera de combate, sucumbir, desaparecer, encontrarme. “No es día para poner títulos”, me dije sin pensar mientras bebía amargamente de la botella. “Hoy es el día en que se confirma la existencia de la combustión espontánea, sí…”, pensé. Quise creer que era posible. Igual, por arte de magia imaginativa, gracias a la ley de atracción o a cualquier otra chorrada o escarnio filosófico, una proyección de mis elucubraciones se materializaría en forma de incendio casual y la casa de mi vecino ardería en el infierno. Quise creer que una hecatombe salvaría mi vida, destruyendo la casa de ese detestable y maleducado ser y acabando de una vez con aquella maldita luz. Pero no. Era imposible que tales actos mágicos tuviesen lugar. Solo me quedaba terminar el vino lo antes posible, tomarme otra pastilla y volver a la cama antes de que el coctel explosivo y desmedido hiciese efecto.

    Cuando volví a la habitación la luz había desaparecido. 



 

viernes, 13 de marzo de 2015

Reseña relacionada con Óxido, por Emilio Alcorze

"Oxido está escrita con un estilo narrativo más depurado, más fluido. De ritmo más pausado, con un amplio y a veces sorprendente vocabulario, pero sin perder un ápice el fondo que subyace en sus textos. Creo que Daniel Aragonés, con su estilo tan personal, alejado de convencionalismos, es aire fresco. Pienso que es de esos escritores a los que uno detesta o se rinde con admiración, sin medias tintas."
















 "Crónicas del pantano, una trilogía no apta para usuarios de smartphones rojos."


Para ver la reseña al completo, pincha el siguiente enlace: 

http://alcorze.blogspot.com.es/2015/03/libros-leidos-2015-11-oxido-j-daniel.html?m=1  



 

domingo, 8 de marzo de 2015

Desidia, aullido de descarga





La dualidad del ser humano se está convirtiendo en una forma de vida absolutamente cotidiana. Las declinaciones internas relacionadas con la palabra ideal se han establecido como algo perteneciente al pasado, ya no importan los principios o fines propios. Exigen que seamos personas comprables y, a cambio, a modo de premio irremplazable, nos ofrecen un abanico cerrado de etiquetas para que podamos elegir –la panacea–. Los lobos están  dejando de existir, y eso me preocupa. Ahora, salir de noche no es garantía de éxito, la oscuridad ya no es el amparo deseado. Las sombras están siendo colonizadas por pardillos colmados de etiquetas. Sí, las nuevas normas lo dicen claro: hay que disfrazarse de oveja, funcionar como una oveja, hablar como las ovejas y hacer caso al pastor. Sumisión o irreverencia, no se entiende otra cosa, puedes ser un lobo, pero debes disfrazarte de oveja, es la ley.

Aullido: ¿El disfraz de oveja? No llegué a sacarlo de la caja.

Etiqueta: "Perdona, hay parcelas que no están en venta."




miércoles, 4 de marzo de 2015

Espacio interfecto





La mala praxis, el vacío inexplicable de ciertas miradas, la mano agrietada y ennegrecida del tipo que pide limosna en la puerta del supermercado. 
Son instantáneas que regala vida.
Pero qué más da, el espacio se ha vuelto extraño.
Ahora, esté donde esté, sigo estando en el mismo sitio.

A esto se le puede llamar poesía o basura.
No son versos, eso es un hecho. Se trata de una catarsis emocional, 
de una forma de atrapar imágenes para siempre.

Espacio interfecto: víctima del tiempo.

La electricidad vuelve a correr por mis venas.
Los acordes siguen ahí, hundidos  en el lodo, invisibles. Es la locura, el motivo de la sinrazón que me posee, la idea voladiza que huye de ese lugar que nunca existió.

Los lugares se han vuelto en mi contra. Ya no veo a las ninfas del estanque, en su lugar hay bolsas de plástico flotando en comunión sobre el reflejo de una sociedad muerta, decadente y hundida.

El mundo ya no gira, se ha detenido de golpe, ha frenado sus impulsos amigables. Empatía y Raticida se han ido de viaje.

Espacio interfecto: fuga.




domingo, 1 de marzo de 2015

Casi es otro día





Se ven seres casi desnudos, 
gradas casi llenas y casillas
hundidas en la triste bajeza
de la terrorífica y cruel moda.
Casi es otro día, son las doce,
empezamos de nuevo a sentir.