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J. Daniel Aragonés Cuesta

miércoles, 4 de marzo de 2015

Espacio interfecto





La mala praxis, el vacío inexplicable de ciertas miradas, la mano agrietada y ennegrecida del tipo que pide limosna en la puerta del supermercado. 
Son instantáneas que regala vida.
Pero qué más da, el espacio se ha vuelto extraño.
Ahora, esté donde esté, sigo estando en el mismo sitio.

A esto se le puede llamar poesía o basura.
No son versos, eso es un hecho. Se trata de una catarsis emocional, 
de una forma de atrapar imágenes para siempre.

Espacio interfecto: víctima del tiempo.

La electricidad vuelve a correr por mis venas.
Los acordes siguen ahí, hundidos  en el lodo, invisibles. Es la locura, el motivo de la sinrazón que me posee, la idea voladiza que huye de ese lugar que nunca existió.

Los lugares se han vuelto en mi contra. Ya no veo a las ninfas del estanque, en su lugar hay bolsas de plástico flotando en comunión sobre el reflejo de una sociedad muerta, decadente y hundida.

El mundo ya no gira, se ha detenido de golpe, ha frenado sus impulsos amigables. Empatía y Raticida se han ido de viaje.

Espacio interfecto: fuga.




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