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J. Daniel Aragonés Cuesta

domingo, 13 de noviembre de 2016

Encuentros, desencuentros y fallos crónicos






Encuentros:
    El núcleo de las voces era la propia ciudad. Exigían mi presencia. Necesitaban una maldita firma, una dedicatoria en la primera página de su novela. Deseaban postrarse ante la idiotez más banal del universo y soltar una lágrima de conveniencia. Quizás era debido a la sobredosis de telerrealidad, no sé. Soñaban con acudir a una casa de empeños con esa primera página dedicada. «Tengo la firma del autor, de cuando era un desconocido, un cualquiera…»
    En cierto modo me obligaron.
    No tenía ganas de montar un evento fantasma.
    Aun así lo hice.
    ¿Qué pasó? Lo evidente. No «acudió casi nadie» a la cita. Podría resumir el acontecimiento como una reunión entre colegas. Estuvo mi hermano y uno de mis mejores amigos. Nos tomamos una par de cervezas. Hablamos. En el momento más álgido nos inventamos un nuevo concepto: «Bicalvonato Sádico». Reímos sin parar durante minutos.
    El único asistente ajeno a la fiesta vino «de parte» de un lector desconocido. Quería una novela dedicada. «¡Bien! Uno es mejor que cero». Le vendí un ejemplar y el tipo se largó de allí como alma que lleva el diablo. No tenía interés. Era un enviado apático.
    A la hora prevista nos fuimos de allí.
    Añado: los dueños del local me compraron un ejemplar cada uno.

Desencuentros:
    Soy un negado. Detesto organizar eventos. Aborrezco ser el foco de atención. Estar ahí, sentado en una silla, firmando novelas y regalando sonrisas. No me resulta agradable. Es tal el esfuerzo que tengo hacer que me parece un insulto lo que ocurrió el otro día. Pese a todo, no le guardo rencor a nadie. El error fue mío. Siempre es mejor pedir el dinero por adelantado.
    Ahora viene la controversia: en realidad me lo paso bien cuando me dejan tirado.
    Brutal, ¿verdad?
    Lo del día 12 fue gratificante porque me demuestra que la empatía no existe. Nihilismo, amigos. Soy el oráculo de Matrix transformado en un escritor desconocido que se pudre en un piso de la periferia.
    El desencuentro fue con la vida, con el concepto «existencia».
    La falta de público forma parte de todo esto.
    No me asombra.
    La gente suelta cosas agradables por la boca y luego obra de una forma dañina. Es mejor donar diez euros a los refugiados sirios. Así puedes vacilar con tus amigos y amigas: «¡Eh! Soy una buena persona». Para hacerlo no tienes que salir de casa, con un «clic» es más que suficiente. Luego, para compensar, dejas tirado al escritor de las firmas y ya está. No pasa nada. Ya le compraste el libro hace un mes. Lo de la dedicatoria lo decías en plan donativo emocional.
    Añado: yo tampoco estuve en el evento.   
   
Fallos crónicos:
    La presentación fantasma no es de mi agrado. Organizo todo a regañadientes. «Puede funcionar, sí, puede funcionar, sí, va a funcionar, sí, SÍ, ». Mi interior canturrea. Nunca hago nada a punta de pistola.
    El fallo crónico es la sociedad.
    El fallo crónico eres TÚ.
    ¿Y qué más?
    Soy un malqueda profesional. No me importa que la gente pase de mi culo. Me es indiferente. Sé cómo actúa la gran serpiente descabezada: queda contigo y luego no aparece. Lo que no sabe es que en realidad te está salvando la vida.
    El fallo crónico es la desesperanza.
    Escribo para que me lean, para que me leas, para soltar lastre. Las relaciones humanas pertenecientes al plano físico no me interesan en absoluto. No escribo para sentarme detrás de una mesa y hablar en público (aunque se me dé bien). Lo de las dedicatorias tampoco me interesa, lo hago por los demás, para no exterminar las ilusiones de cierto tipo de personas.
    El fallo crónico es que ciertos mensajes de Messenger y WhatsApp son en realidad el latido de apocalipsis.
    Añado: si no entiendes lo que acabas de leer no pasa nada.




       

7 comentarios:

  1. Dejo testimonio de mí paso y lectura, comentario, eres como eres y ya está sin más explicaciones, haz lo que te guste y como te guste, tenemos una edad qué, tonterías, las justas.

    Un beso, Dany :-)

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    1. Para mi gusto, Yayone, este texto es una sátira brutal. Daniel es un autor excelente.
      Da pena que nos pase esto tanto, a todos.

      Muy bueno, en serie. Te felicito por el texto, lo que trasmite, lo que impregna.

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    2. Gracias, Yayone. Un placer saber de ti.
      Besos.

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  2. Haber, anónimo, es que Dany, es Único!, no me descubres nada nuevo de su Gran talento y de lo jodidas que están las cosas.

    Saludos.

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