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J. Daniel Aragonés Cuesta

miércoles, 27 de marzo de 2013

Traza abstracta



Irreverencias obligadas

El silencio, la música, el conjuro, la adición; todo parecía otra cosa, una tela de araña. Se deformaban las runas.

Libre albedrío emocional.



La traza abstracta cambiaba las pinceladas. Igual se trataba de preludios primaverales con carácter de cueva.



Perros de enormes bocas campaban a sus anchas, demoliendo con sus dientes miles de periódicos cargados de mentiras. Un enorme reloj sobrevolaba la zona, era plano, y sus manecillas tenían ojos.



Aviso: el producto puede contener trazas indeterminadas, volátiles y cargadas de ironía.



Pensaba que ya era tarde para arreglar mi locura, escapaba de la realidad continuamente, abandonaba la jaula diseñada para mí. Corría por los enormes pasillos del teatro y gritaba. Deseaba escalar el panel de madera, saltar al vacío y unirme a la luz de los focos.



Las malas trazas podían rebosar y helarse en el suelo. Resbalones abstractos nunca fueron buenos.



El tiempo corría en contra de sí mismo. La curva de la realidad era una línea recta. El guiso de la sinrazón cocía en paz, en el puchero de barro, bajo las brasas de la metáfora. Los niños corrían asustados y las madres seguían su rastro; la edad se les echaba encima.



Tormentas trazadas, dibujadas a pincel; rayos deformados y azules; pájaros de papel. El mundo abstracto del rasgo, el final jamás estipulado. El primer y último trazo.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho las figuras que trazas con las palabras y su profundidad.

    Un saludo

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