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J. Daniel Aragonés Cuesta

jueves, 13 de noviembre de 2014

Juzgado 37





El ascensor metálico es una caja de espejos inanimados, un juguete en manos de un ordenador central. Se siente la irrealidad en su interior. Marco el número diez, el infierno más alto, y subo sin darme cuenta.

Ellos van de traje y corbata, algunos se creen dioses; ellas se camuflan de otra manera, tienen más libertad, o eso piensan. Sinceramente, bajo mi corrosivo filtro,  no creo que muchos de los presentes se sientan cómodos con sus roles. Es sus caras se lee la falta de ganas. Es un poco decadente, se lo toman como si fuese un juego.

El pasillo está lleno de puertas y pequeños recibidores. Cientos de personas se agolpan como ciervos salvajes. Me paro en el descansillo 37, miro al abogado que cubre mis espaldas y nos reímos de la realidad. Él no es como el resto, es un resto, un retal sobrante, una página en blanco. Es mi reflejo legal.  

El dinero se transforma en perdón, y el perdón en una burda trampa gubernamental. Da asco, lo sé. El sistema está tan podrido que incluso la salvación huele a estiércol. Por suerte, las conversaciones absurdas dan por fin sus frutos.

Un abogado de marca registrada me chequea. “No me leas si no quieres, títere”, le digo en tono suave y sin venir a cuento. Es evidente que el tipo no sabe de lo que hablo, pero me da igual. “No escribo para ser entendido, sino todo lo contrario, busco descartar lectores”, vuelvo a decir antes de girarme por completo.

Casi todos los presentes parecen gacelas vírgenes en busca apareamiento: unos buscan el premio del placer y otros, simplemente quieren joder.

En la calle llueve. Lleva días lloviendo. Es la una del mediodía. Mi defensor quiere celebrar la victoria tomando una cerveza, y yo nunca hago ascos a una cerveza. Está decidido, nos tomaremos una cerveza, o dos.

Ahora ya no soy un supervillano, han borrado mi expediente y parte del pasado. Solo los jueces pueden modificar los acontecimientos, al menos, eso se creen. Desde hoy vuelvo a ser un héroe maldito, al menos, eso me creo.

Aquellos que resisten, ganan.



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