sábado, 1 de octubre de 2016

Héroe anónimo





Sí, ya lo sé, no es una buena manera. Someterse a hipnosis por primera vez, en plan terapia, siguiendo los consejos de tu psicóloga, y que el profesional de turno, otro psicólogo, lo único que haga es darte una buena ración de carne embutida. Te lo dije y no me hiciste caso. Ir borracho a terapia no es una buena idea. Ya sé que la psicóloga te dijo lo de la hipnosis, pero no de esta manera. Ella te dio un par de números, te aconsejó que acudieses a un buen profesional. Lo sé, lo sé. Solo digo que desde el principio la cosa se fue de madre.
    No me lo recuerdes.
    Salimos por ahí, bebimos unas cervezas y te dio por hacer uso de tu smarphone, de la Wikipedia y del buscador. Creíste haber encontrado al mejor psicólogo-hipnotizador del mundo, sin embargo, su paupérrima página web era demasiado delatora. Así funciona la generación X, o la generación Nocilla, ya no sé cómo llamarlo. Lo único cierto es que somos Autodestructivos. Sociópatas en potencia en manos de sociópatas en potencia. Mentirosos por convicción. No importa el resultado, sino la vivencia. Poca paja y mucha aguja.
    Voy a parar antes de convertirme en un periodista deportivo.
    Me pediste expresamente que te acompañase, y eso mismo hice. Cuando llegamos la borrachera estaba en lo más alto de nuestras cabezas. Aun así, se intuía la debacle con total claridad. Ese tío no era profesional de nada. Quién mierda lleva una chaqueta de pana marrón con una camisa de cuadritos rojos y azules. Parecía un leñador con un título de psicología de polígono, un curandero de poblado, un desequilibrado jugando a ser terapeuta. Muy de este siglo, la verdad.
    Me quedé en la sala de espera hasta que escuché los gritos y el golpe. Pasó media hora. Cuando entré, vi al hipnotizador tirado en el suelo, panza arriba, con la bragueta bajada y el pene fuera. Tú tenías los pantalones por los tobillos y un hilillo de sangre te caía por los muslos. No me hizo falta mucho más. Ese hijo de puta te había intentado curar, y tú rechazaste la medicina.
    Nada de finales felices.
    Dos días después me llamaste. No recordabas nada. Querías saber si tu fisura anal era lo que creías que era, y te dije la verdad: «Sí, ese tipo te ha percutido el culo mientras dormías». Sacaste dos cervezas. Luego otras dos. Te hiciste un par de porros y fumamos. El efecto fue confuso. Solo llorabas, nada más que eso. No recordabas lo del puñetazo y el golpe en la cabeza. Pero la realidad fue esa. Le pegaste duro y aquel farsante se quedó tetrapléjico al darse con el pico de la mesa. Ya no podrá usar su pene con ningún otro paciente. Deberías estar contento, eres un maldito héroe anónimo.




9 comentarios:

  1. Joder que duro relato Dany, según leía iba asimilando cada escena, lo imaginé y me recorrió un escalofrío.

    Bufff, duro, me pareció duro.

    Besos, Dany.

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    1. Daniel es duro. Ha escrito cosas bastante jodidas. En el fondo este relato es gracioso. Un buen símil social. Nos dejamos manipular y solo actuamos cuando ya es tarde, ¿no crees?

      Un saludo.

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    2. Es duro. Una forma cruel de hablar de un tema tapado —el maltrato—. Nos agreden a diario. Son pequeñas cosas, lo sé, pero me parecen durísimas y las venden como parte normal de la batalla social.

      Besazos, Yayone. Gracias por comentar y expresarte con libertad. Esa es la clave.

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  2. Brutal! Nos das en toda la boca...

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    1. Intento ofrecer un enfoque duro y práctico. La realidad es así. Nos joden, pero podemos resistirnos y ganar. Las cicatrices son otra cosa, para otro texto.

      Besazos.

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  3. Vaya tela. Aun hipnotizado, borracho y fumado, supo defenderse. Aun hay esperanza.
    Un abrazo.

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    1. No hay que perderla, al menos. Acción reacción...
      Un beso.

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  4. Subsubrealismo sucio, es brutal y una enorme metáfora de como podemos dejarnos ir.....ahí lo dejo, no se si más o menos fuerte que otros escritos, pero Daniel Aragones consigues poner los vellos de puntita. Te he dicho ya que me encanta como escribes!. Teresa

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    1. Muchas gracias, Teresa. La verdad es que sí, nos dejamos joder en otros sentidos que nos parecen más blandos, pero en realidad nos están violando.
      Besazos.

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