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J. Daniel Aragonés Cuesta

domingo, 3 de abril de 2016

Inmundicia evolutiva





Como portadores del raciocinio tenemos una responsabilidad mucho más grande de lo que pensamos. No debemos quitarle hierro a los asuntos que nos están aconteciendo. Mueren personas a diario, de forma violenta. Y no hay nada más importante que la vida, eso es un hecho al que no podemos dar la espalda. No importa el cómo, solo digo que hay que reconducir nuestros impulsos y acabar con ese afán de control que poseen los machos ALFA del status quo. No somos corderos indefensos, pero podemos serlo, todo depende de nosotros.
    Pero qué digo. Todo en sí mismo es una controversia. En especial la evolución del pensamiento social y su reflejo, convertido en comentario, post, tuit… y lanzado de forma arbitraria a eso que llamamos REDES SOCIALES (turbiedad latente de la doble moral). Muchos de esos comentarios (opiniones fugaces que nos representan como especie) son lamentables, fruto de la ignorancia, de la discordia, de la estupidez. Siento aversión.
    Controversia. Sucesos antagónicos a la felicidad. Caminos repletos de alambre de espinos. Guerras. Venta de armas. Escuelas de odio.
    ¿De qué nos sirve ver cómo avanza la ciencia?
    Pronto colonizaremos nuevos mundos: Marte está próximo.
    Pero todo da igual. Somos nuestro propio adversario, los tipos del otro lado del espejo. Enemigos del avance global y la educación.
    ¿Cómo?
    La ciencia progresa por varias sendas al mismo tiempo, ajena, y no tan ajena, a las muertes, a los atentados, al terrorismo empresarial y al extendido militarismo que nos domina como si no hubiesen pasado los siglos para la humanidad…
    Inmundicia evolutiva: Homo sapiens.   
    Queremos convertir la Luna en una mina, agujerearla y explotar los beneficios de su vientre al máximo, mandar allí el progreso se ha convertido en una carrera capitalista, comandada por los grandes cerebros del ya desarrollado y firme Neoliberalismo Económico (Totalitarismo-económico-social, más bien). Y eso no es todo. Elaboramos vacunas y otros fármacos, no en nombre de la inmortalidad, sino a favor del dinero. Contaminamos nuestro entorno a favor de un bienestar falso; nos recluimos en edificios de hormigón y acero que funcionan gracias a la destrucción, extracción, perforación... Somos un bucle de errores; un ente plural, singular y metafísico capaz de engullir la materia. Somos una especie brutal en todos sentidos, para bien, para mal y para peor. Siempre con los ojos fuera de nosotros mismos, ajenos a la barbarie, dispuestos a llorar o carcajear (según el grado de psicopatía de cada uno) frente al televisor cuando en los noticiarios emiten vídeos que muestran la deshumanización descontrolada a la que estamos sujetos. Sangre, sangre y más sangre. Niños muertos (risas y aplausos de trasfondo dependiendo del lugar de los hechos). El enemigo debe morir. Bombas. Olor a pólvora. Muerte y más muerte.
    ¿Dónde queremos llegar? ¿Existe realmente el miedo o es un invento? ¿Preferimos matar o es preferible amar? ¿Empuñar un arma o sentir a nuestro lado el cuerpo desnudo de otra persona? La controversia sigue comandando las encuestas.
    Nos posicionamos, unos a favor y otros en contra, pero, ¿de qué estamos hablando? ¿Existen realmente varios frentes? Yo creo que no. Cuando un asesino hace de sí mismo y ejecuta a una persona, al margen de quién maneje sus hilos, no existe nada más que un posicionamiento, y éste tiene que estar del lado de la vida, sin importar dónde se halle. No existe nada más trascendental que preservar la vida y alimentar el espíritu humano. Avanzar en grupo o en paralelo a la masa, no voy a imponer una consigna curativa, solo digo que no se debe interferir de forma negativa en el desarrollo positivo. El resto son fundamentos ridículos que subyacen tras los mundos de la doble moral humana. Pondré un ejemplo de lo más crudo y salvaje, para entendernos: si no quieres que entren en tu país, instala nidos de ametralladora en tus fronteras y mata a todo el que lo intente; mánchate directamente las manos de sangre y déjate de fundamentalismos estúpidos, deja de sembrar odio en las mentes dormidas y ahógate en la bañera de tu casa; solo así te dejarás ver como nación o grupo o ente esquizoide (la historia me da la razón), y entonces los demás obraremos en consecuencia, mostrando indiferencia y bloqueando dichas acciones para siempre (solo el mal supremo es capaz de unir a los hombres). El método actual solo genera odio, rechazo, miedo a lo desconocido y muerte. El enemigo invisible crece en la sombra del desconocimiento mientras la sociedad se envenena con telebasura, sensacionalismo barato y mentiras partidistas.
    No debemos olvidar que vivimos en una sociedad que aniquila la empatía y crea lerdos que se sienten identificados con etiquetas producidas a gran escala. ¿Seres únicos con un enemigo común? No, todo lo contrario: autómatas descerebrados que combaten contra un enemigo al que no conocen (porque no existe, claro). Cuando alguien mata deja de ser un humano y pasa a convertirse en un ser sin alma, sin principios, sin camino que recorrer. No podemos sentirnos únicos llevando una etiqueta. No existe el ser único, es una utopía, la mayor de todas ellas.
    ¿Queremos colonizar otros planetas siendo la Tierra un cuadrilátero caótico de razas, culturas, etnias, grupos religiosos extremistas y seres clonados, analfabetos e incapaces? ¿Qué vamos a hacer? ¿Bombardearnos de planeta a planeta cuando llegue el caso? ¿Acabar con la evolución de un plumazo? ¿Creernos todo lo que vemos y leemos? Hay que cambiar el rumbo de las consignas globales, buscar en el interior de nuestras almas y seguir avanzando dejando a un lado la decadencia.  
    ¿Somos dueños de nuestras emociones o realmente sentimos lo que nos hacen sentir? Ahí lo dejo.
    Por mi parte seguiré mi camino de forma libertaria. No pretendo ser un obstáculo para nadie, sino todo lo contrario. Soy la autopista de mis sueños.



3 comentarios:

  1. Me adhiero a tu razonamiento. Hay cosas más importantes y, si se quiere, más delicadas que atender. El cambio se genera dentro de cada individuo, con responsabilidad en lo que vemos, leemos y creemos. Solo con autodisciplina podremos mejorar las cosas. Me agradó recorrer tu autopista. Los letreros fueron muy indicativos e instructivos. Un abrazo grande.

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  2. Una realidad para algunos y una utopía para otros.
    Muy buena reflexión.

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  3. Creo yo, muy lejos de nuestras propias emociones...
    Perdiendo cada día el alma y tantas pequeñas cosas, que tal ves no sean tan pequeñas...solo imitando sin razón ni sentido.

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