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J. Daniel Aragonés Cuesta

domingo, 11 de mayo de 2014

El diario discontinuo del Sr. Humo. I



Una simple continuación.



No hay un fondo de colores en esta historia. La ciudad es gris, y huele mal. La simpleza reina, todo es más vulgar de lo que parece, creedme. Solo hay que observar desde la lejanía: la contaminación tiene forma de hongo gigante, y es el aura principal de la gran urbe, una cúpula grisácea compuesta por humo. Así se presenta, escupiendo fuego e insultando al inocente. Es evocador, lúgubre y destructivo, lo sé, pero sigo mirando hacia delante, con la vista puesta en el horizonte. Los niños van de las manos de sus madres, cruzan los pasos de cebra creyendo que el fin del mundo está al otro lado de la calle, y es que así se lo hacen ver por todos lados, luego crecen y deciden qué creer. Los vagabundos duermen en los soportales de ciertos sitios, o en los cajeros automáticos, no tienen preferencias globales, solo poseen lugares a los que acudir cada noche; ellos son los héroes de la ciudad, los auténticos moradores del asfalto. Las señoras más viejas todavía piensan que la capital es un pueblo, y caminan en pijama por la calle, o en bata, hacen la compra en los mercados más antiguos, en las derruidas galerías con olor a pescado podrido. El abanico social de la ciudad es amplio, hay miles de personajes variopintos: drogadictos, borrachos, prostitutas, estudiantes sometidos a la desidia, trabajadores desdichados, niñas de papá, papás sin niñas, amas de casa, amantes desdichadas, artistas, pijos con síndrome de hippie y todo tipo de fauna desquiciada. También hay personas normales, lo sé, pero esas no me importan, no interesan, son la borregada del pastor. Prima un adjetivo, y es la clave de la capital: el desengaño profundo. De sus fauces nace la diversidad. Bien por una cosa o bien por otra, todo ser humano de los que se han topado conmigo en algún momento de mi jodida existencia, sin excepción alguna, ha sufrido un profundo desengaño, o varios; alguno está al borde de la locura en estos momentos, estoy seguro. ¿Por qué? No lo tengo claro, debe ser que no existe la confianza social. Vivimos días tenebrosos y pesados. Se persigue y extermina cualquier rincón donde la felicidad puede brotar. La sociedad es decadente y está en decadencia. Nerón está quemando nuestra decrépita metrópoli, en vivo y en directo, y nosotros no estamos haciendo nada. Y la nueva estación no ayuda, el verano no ayuda, no. Hace calor, bochorno; las hierbas verdes se empiezan a secar, la ropa sobra, la carne vuelve a aparecer. Sin embargo, me apasiona sudar en el sofá, con la persiana bajada, la televisión encendida y una cerveza fría en la mano.



*



Es domingo. Me dispongo a tomar una cerveza en estos momentos. Acabo de tirar de la chapa superior de la lata, esa anilla que parece un objeto de valor incalculable en este siglo. La gente recoge estas chapas como si fuesen oro, y lo mismo pasa con los tapones de la botellas. Nos venden esa mierda de salvar vidas a cambio de recoger basura, y algunos de nosotros nos lo creemos, pero ¿quién soy yo para meterme en la felicidad de los demás? Es mejor ser idiota, se sufre menos. Algunos no saben dónde llevar los tapones, es como si el gobierno los odiase a muerte, y nos obligan de forma moralista a recolectarlos para que desaparezcan poco a poco. Pensadlo, en serio. Aunque igual debería pediros perdón por ofreceros mi visión desalentadora, pero no puedo evitarlo, vivo en una película de ciencia ficción, y no paro de crear confabulaciones. Pienso a tiempo completo, lo siento. Perdonad, empezaré de nuevo. No sé por qué os estoy hablando de esta basura de ideas. Voy a beber, a sentir el amargor de la cerveza fresca. Os hablaré un poco de mí y dejaré mis ideales a un lado, si puedo.

    Tengo un empleo, pero no es algo serio. Para ser sincero, nada en mi existencia es serio. No vivo la vida de una forma sensata, es eso, eso es lo correcto, es lo que ocurre. Me gusta caminar por la ciudad, y cuando puedo lo hago, sea necesario o no. Perderme entre los callejones, descubrir tiendas extrañas, hablar con desconocidos, observar idiotas. Soy como el humo, así me veo. Es más, mis amigos me llaman Humo. Dicen que deambulo de un lado a otro, que me disipo y desaparezco. No me toméis como un tipo duro, solo soy un fauno de asfalto y bourbon, un tío inusual con unos pensamientos incontrolables: abro la boca y disparo. A veces pienso en lo que pueden estar pensando de mí los idiotas, supongo que tendrán insultos, sé que los tienen. A veces leo en sus miradas de borrego, puedo hacerlo. Joder, la vida es demasiado corta, no se puede perder el tiempo de mala manera. Para bien o mal, hay que ser auténtico. Solo valoro la autenticidad de las personas, y si un idiota es auténtico, que alguno hay, lo juzgo de buena manera, con un poco de asco, pero lo tengo en cuenta.  

11 comentarios:

  1. el desengaño profundo muy bien relatado. felicitaciones

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    1. Y estos relatos del Sr. Humo nacen en el mismo desengaño. Muchas veces uno escribe sin saber a dónde van a llegar sus escritos. Ver tu comentario es muy agradable, ya no sabía si continuar con el blog, estaba un pelín cansado de pegar enlaces y enviar mails a todo el mundo.
      Muchas gracias, en serio.

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  2. No hay como una gran luz para generar grandes sombras: ¡la que tú tienes cuchillero!Después de leer tu texto me he tenido que fumar algo jejejeje. Un abrazo y ¿gracias?Jejejeje. Nunca dejes esto,

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    1. Me puedo imaginar quién eres, pero no lo sé del todo.
      No voy a dejar de escribir, son las publicaciones las que me tenían mosqueado. A veces tengo la impresión de estar escribiendo para las paredes, pero veo que no.
      Un besazo, muchas gracias.

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  3. Que forma de mejorar, que trato le das a las frases. Muy bueno, gris, lúgubre y espectacular.

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    1. Gracias por leerme, se nota que lo haces de hace un tiempo. Hoy me habéis dado fuerzas para continuar.

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  4. Realmente me gusto leerte, exquisitas palabras que te hacen adentrarte en la historia. Felicidades, también me gusta escribir pero mis escritos puede que sean algo diferentes y espero evolucionar.

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    1. Muchas gracias.
      La evolución crece con el trabajo diario. Te animo a que sigas, sin parar.
      Un fuerte saludo.

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  5. que gran ambientación creaste, oscura y hurbana

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