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J. Daniel Aragonés Cuesta

viernes, 1 de agosto de 2014

Exprimiendo frutas irreverentes



Voz: Harry Princhettas...




Se rompen las cadenas de la normalidad. Lo incoherente flota más que los desechos corporales de un idiota. Allá donde miro, izquierda o derecha, encima o debajo, solo puedo apreciar el filo de una enorme espada manchada de sangre.

Mi vida no es poesía o prosa, es una mezcla filosófica de ambas. Y digo esto por un motivo bastante feo: odio a ciertos dueños de mentes salvables.

Leo frases en el aire, no lo puedo evitar. Y solo puedo añadir que la mala leche no tiene sentido, hay que basar la existencia en ser feliz, no en buscar más allá. Las frases aéreas me dicen este tipo de cosas. Lo siento.

Hoy toca exprimir una decepción sin piel. Un coco de ideas abstractas. Y un mango de la despreocupación.

¿Qué puedo explicar? ¿Mi día de hoy? No me apetece, solo quiero echar la cortina y disfrutar de la intimidad que me ha sido otorgada. No quiero ver nada, soy libre cuando estoy encerrado. La gente del exterior pertenece a una marca, a un estilo, a una empresa, a un motivo disfrazado de verdad absoluta. No quiero caer en la falsedad, prefiero ser fiel a las personas que se ocultan en su intimidad.

Iba caminando, perdido en mi interior, tenía ganas de echar un trago de cerveza helada, pero no ha podido ser, estaba demasiado lejos, no sé cómo ha podido pasar (jajaja). Me hallaba en mitad del campo cuando he querido darme cuenta, alejado de la realidad, de los edificios, del ardiente asfalto del verano. Me he dejado arrastrar por las ideas, ha debido ser eso, y los pensamientos me han llevado a ciertas conclusiones: “El mundo es una gran corporación, y cada uno de nosotros pertenece a una sección y tiene una función específica. El resto lo conocemos, es nuestro devenir diario”.




 

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