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J. Daniel Aragonés Cuesta

lunes, 6 de mayo de 2013

"Ensayos irreverentes II"



Las máquinas, el mundo y el arrendado  cráter ionizado
Por el Dr. Irreverente



-Inciso número dos-
     
    Pacifico mis  instintos frente al ordenador, empotro el culo al trono de escritor rancio y aprieto la mandíbula hasta sangrar por las encías. Estoy algo triste, melancólico y aturdido: extraña mezcla de sensaciones agónicas y volátiles. Nada está siendo distinto a otras tardes, llevo horas escribiendo oscuridades; crítica sombría, lóbrega, fosca y cruel; relatos sin sentido aparente y cuentos para no dormir; opiniones y basura.

    Mi máquina y yo nos conocemos bien, llevamos años trabajando juntos (tecla para dátil; pantalla y ojo; pensamiento pasado a símbolo). Pero últimamente siento que el embrague de nuestro vínculo está fallando; la máquina se aleja y lleva un tiempo jodiéndome. Creo que no es algo fortuito, tiene un plan. Primero pensé en sus años, era un portátil anciano, resabido y cabrón. Quise creer que estaba enfermo, cansado o harto de aguantar tanto trote, no sé, el caso es que decidí ponerle piezas nuevas para darle un nuevo soplo. No escatimé lo más mínimo, él era el importante. Le regalé un nuevo y brillante corazón neurálgico, pero el maldito insensible se pasó el regalo por el forro metálico de sus “ciberpelotas”. Ahora lo sé, quiere guerra, desea tener otro dueño y me está incitando al cambio. Lo segundo que pensé fueron insultos relacionados con las máquinas y el mundo (nada importante o todo lo contrario).

    A día de hoy se niega a finalizar los programas, se bloquea sin guardar documentos, parpadea, hace caso omiso, está ausente. 





    Tiempo real                                  20:01 del día 6 de Mayo del 2013


    Estoy sentado frente al ordenador, fumo y bebo una cerveza fría; pienso en alto y me dejo aplastar por la tormenta. Necesito mirarme en el espejo del váter; me encantan mis nuevas patillas estilo velcro, quedan asquerosamente bien con la perilla. Me observo y pienso: “Las emociones parecen no tener nada que ver con las máquinas”. Apago la luz y enciendo una vela.


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